domingo, 2 de febrero de 2014

Abrimos la puerta de los estudios de moda

La importancia de la luz, muebles que nos hacen retroceder un siglo, rincones con detalles con mucha personalidad, estanterías donde se mezclan libros, bocetos y tijeras. 'Les atelières' españoles nos invitan a conocer qué hay dentro de las cuatro paredes donde muchos sueños de moda, se hacen realidad. ¿Pasas?

Amaya Lacarra / Foto: Patricia Gallego - 29-01-2014

La diseñadora Ana Locking juega con el blanco predominante en las salas y los colores vivos de su colección. Una lámpara de araña domina el salón principal de su taller, donde también encontramos una mesita redonda y dos butacas de madera y tapicería color crema.

Rincones de lectura como éste, donde el blanco vuelve a tener un papel importante en la mítica silla Panton, se empapan de pequeños detalles como peluches en forma de margaritas, cervatillos en tono rosa cuidando los libros, flores artificiales o revistas.

Inmortalizamos esta langosta gigante de plástico colgando de una de las paredes del taller.

La luz es también una parte muy importante del estudio de Ana Locking, que cuenta con grandes ventanales y espacios abiertos.

Otro de nuestros nacionales más reconocidos, Roberto Torretta, elige el minimalismo para decorar sus oficinas. Escalones de madera que nos llevan a grandes ventanales, bancos de madera, plantas y una cortina de metal adorna el espacio. Butacas y puf Fjord, de Patricia Urquiola para Moroso.

La lluvia de ideas cae sobre esta mesa redonda de cristal escoltada por grandes butacas en color blanco níveo.

El Romanticismo parece jugar su influencia en el atèlier de Caprile, que viste su salón con cómodas butacas blanquecinas, enormes ramos de flores o cortinas con preciosos bordados.

Muy dulces los detalles del estudio: el corazón de las flores, caramelos y combinación de tonos muy cuidado.

Capturamos: el corcho donde se cuelgan las mejores ideas y recortes dentro del taller de Lorenzo Carprile.

Si tocamos la puerta de Ángel Schlesser la sorpresa también está a la altura de las expectativas. Un espacio diáfano, luminoso y limpio acogen las propuestas del cántabro.

Estamos entre costuras, y como tal, no podíamos dejar de fotografíar el detalle de materiales propios de este gremio. Ángel los tiene todos juntos en estanterías creando un espacio lleno de color y sobre todo, vivo.

Lo mismo pasa con las telas. De todo tipo y de toda condición, los rollos de tela cubren algunas de las paredes del estudio creando un espacio único.

Uno de los espacios más modernos es el que se asoma a la calle Almirante, el del diseñador Jorge Acuña. Un precioso sillón en tono violeta engalona el espacio, creado tras unos grandes ventanales y la personalidad de un genio del 'made in Spain'.

Uno de los detalles qeu más nos llamaron la atención fue este curioso colgador, que mezcla a la perfección con la ropa de mesa de pelo y la jaula restaurada. Lámpara Bourgie, de Ferrucio Laviani para Kartell.

Un busto de mujer, maletas 'vintage' y un antiguo teléfono se postran en el suelo del estudio bajo los marcos de diferentes fotografías y bocetos.

Nicolas Vaudelet nos deja entrever una pared vestida totalmente por bocetos que inspiraron a los trabajos que realizaron algunas de sus máquinas. 

El joven Nacho Aguayo consigue dar con un espacio de trabajo cálido y acogedor, combinando la madera con el los toques claros y elementos decorativos de origen natural. Fichaos: su gran objeto-espejo redondo.

La pequeña biblioteca del joven Aguayo se aguarda entre esta estantería de madera maciza blanca. 

Las flores siempre tienen lugar en este taller. Sobre un pequeño mueble auxiliar y bajo un espejo ovalado, este jarrón con rosas aporta vida al espacio.

Una maniquí vestida de arriba a abajo y con una postura muy sensual sobre una mesita redonda, lidera el estudio de Jorge Vázquez.

En una de la salas principales, los burros llenan sus perchas con las nuevas colecciones, que se extienden sobre una gran mesa rectangular de cristal que se erige en el centro. Sillas Ghost, de Philip Starck para Kartell.

Con una estética de aire industrial, el espacio de trabajo de David Delfín no pierde el carácter excéntrico que caracteriza a sus creaciones. Este póster, la primera de tantas referencias al cuerpo humano. 

"Es una D, de dedo" o "es un ocho" son algunos de los mensajes que estaban escritos en una de sus paredes acristaladas.

Ahí es donde acabamos esta ruta por algunos de los mejore estudios de moda de nuestro país. David Delfín, como es habitual con sus diseños, sorprende también en términos 'deco'.



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